Aquella tarde, el café ya parecía desierto.
El asistente Brown había llegado al estacionamiento, pero no salió del coche de inmediato. Durante unos minutos permaneció sentado, ocupado con su celular.
Quince minutos después, finalmente salió y sacó una caja de cartón del maletero. Con su habitual calma y expresión imperturbable, la llevó al interior del café.
El portero le sostuvo la puerta y asintió cortésmente.
—Tengo una cita con alguien —dijo Brown, recorriendo con la mirada la sala. Sus ojo