La madre dio por terminada la conversación, los labios apretados en una fina línea al no encontrar grietas en la determinación de su hijo.
Cambiar la postura de Damian era como intentar sacudir un rascacielos en el corazón de la ciudad: imposible. Aun así, aferrada a un hilo de esperanza, lo intentó. No volvería a entrometerse con Livia. Pero aceptar a esa muchacha como la madre del futuro heredero de la familia… eso todavía no podía hacerlo.
Damian la siguió con la mandíbula tensa. Ni siquiera