Damian se quedó dormido en los brazos de Livia… sin hacer nada más.
Ella no pudo evitar soltar una risita al contemplar su rostro dormido. Incluso cuando le tiró juguetonamente de la oreja, él no se inmutó. Su respiración era tranquila, sus facciones relajadas. Se veía… en paz.
Después almorzaron juntos en un ambiente cálido y acogedor. Livia todavía se sentía un poco incómoda por todo aquello, pero había algo en su corazón que disfrutaba de esa suavidad. El trato de Damian ese día era distinto