Brown se veía visiblemente molesto. Cerró la puerta tras de sí y volvió a donde Damian estaba sentado en su escritorio.
—¿Qué pasa?
—La señorita Helena está abajo. Insiste en verlo.
Damian guardó silencio, dejando lentamente la pluma que tenía en la mano. Sintió cómo una oleada indeseada de frustración lo invadía. Aun así, si no dejaba las cosas claras de una vez por todas, Helena jamás entendería que todo había terminado.
—Déjala pasar —dijo al fin—. Esta será la última vez que la vea.
—Joven