SOFIA
Lo noté porque no encajaba, no porque fuera obvio.
La casa tenía un ritmo. Incluso ahora, compacta y controlada, seguía un patrón de movimiento, ubicación y sincronización. Todo se alineaba con una estructura que podía seguir, aunque no comprendiera del todo su funcionamiento.
Esto no.
Empezó afuera. Se suponía que no debía estar allí sola, o al menos no sin alguien justo detrás de mí, siempre presente, aunque estuviera fuera de mi alcance. Pero hoy lo estaba. No es que estuviera completa