SOFIA
El cambio no vino con aviso. Nunca lo hacía en este mundo. Un instante, la casa se mantenía intacta como siempre, y al siguiente, algo abrupto y violento rompió la fachada.
Comenzó con un sonido. No era el estruendo explosivo de una película, sino un crujido agudo y extraño que resonó más allá de los muros reforzados. Estaba lo suficientemente cerca como para percibirlo como una amenaza, pero lo suficientemente lejos como para ser difícil de localizar. Me quedé paralizada, con el corazón