SOFIA
La idea no me dejaba en paz.
Empezó después de la salida. No por el café, ni por el sedán plateado que me había seguido con tanta precisión, sino por lo que no cambió a mi regreso. Había esperado un cambio, un endurecimiento de las normas, tal vez una reprimenda sobre los "límites" que había puesto a prueba, pero no hubo nada. La casa simplemente retomó su respiración silenciosa y rítmica.
Todo allí era demasiado estructurado. Demasiado deliberado. Nada parecía espontáneo, ni las reglas,