Fue instantánea la sonrisa que Cristina mantuvo en sus labios. Al levantar la vista y encontrarse con los ojos de Paolo, su cuerpo se tensó y la alegría en su cara se desvaneció con torpeza. “Qué desastre”, pensó, “acabo de arruinarlo todo. ¿Y si ahora se arrepiente de lo que dijo?”.
Paolo solo le pudo dedicar una mirada de total decepción. Se frotó el entrecejo y soltó un bufido.
—Cristina, ¿otra vez me estás mintiendo?
Ella arrugó la frente y se mordió el labio.
—No te estoy mintiendo. Cuando