Paolo supo que estaba en problemas. Quería contentarla, pero le costaba ceder, así que volvió a desviar la conversación.
—Muchachita, mira qué luna tan llena tenemos hoy.
—No quiero ver.
Cristina se cruzó de brazos y giró la cabeza.
—Aunque la luna esté llena, esta noche no voy a dormir contigo.
—Eso sí que no. Si no duermes conmigo, ¿dónde vas a dormir?
—Donde dormía antes.
—¿Tan grave fue mi error?
—Más o menos.
—¿No merezco perdón?
—No.
—Qué cruel eres.
—Bueno, está bien, te dejaré dormir en