Paolo permanecía sentado en la cabecera de la mesa de conferencias, con la espalda hacia la luz, lo que ocultaba sus facciones y su expresión. Solo era visible esa sonrisa burlona y afilada en sus labios, capaz de provocar un escalofrío en cualquiera que la observara.
—¿Tienen alguna otra duda los accionistas?
Su tono era pausado, aparentemente despreocupado, pero con autoridad letal.
Tras la escena anterior, los accionistas no se atrevían a causar más alboroto. A fin de cuentas, eran socios mi