Después de cinco horas de vuelo, Cristina aterrizó sin contratiempos en Ciudad Castelvecchio.
Respiró profundo, dejando que el aire fresco y limpio de la mañana llenara sus pulmones. La sensación de pisar su tierra natal de nuevo era realmente maravillosa.
Al pensar que pronto vería a Paolo, su corazón comenzó a latir con fuerza.
Apenas lo había visto ayer por la mañana, pero ya lo extrañaba de nuevo.
Salió del aeropuerto, pidió un taxi, le dio la dirección al conductor y se dirigió directamente a la mansión Morelli.
Durante el trayecto, Cristina pegó la cara a la ventanilla, observando con avidez las calles conocidas que pasaban ante sus ojos.
Solo habían pasado tres años, pero los negocios familiares que antes bordeaban las calles habían sido reemplazados por otros nuevos.
La planificación urbana también había mejorado mucho; la ciudad era muy diferente a la de antes.
Parecía que, tras una breve ausencia, muchas cosas habían cambiado.
¿Y las personas? ¿Habrían cambiado también?
Cris