Después de cinco horas de vuelo, Cristina aterrizó sin contratiempos en Ciudad Castelvecchio.
Respiró profundo, dejando que el aire fresco y limpio de la mañana llenara sus pulmones. La sensación de pisar su tierra natal de nuevo era realmente maravillosa.
Al pensar que pronto vería a Paolo, su corazón comenzó a latir con fuerza.
Apenas lo había visto ayer por la mañana, pero ya lo extrañaba de nuevo.
Salió del aeropuerto, pidió un taxi, le dio la dirección al conductor y se dirigió directament