Capítulo 4

Fiorella Valenti

—¡Alessandro! —el grito proveniente de uno de los hombres armados frente a nosotros me trae un poco de esperanza de ser rescatada de las garras del tipo que me tiene acorralada contra una esquina de la Van.

—¿Qué le hiciste para que perdiera la conciencia? Él estaba bien hasta que le tomaste la maldita via —continuó apretando mi cuello con fuerza y con mis manos intenté zafarme de su agarre, pero se me hizo completamente imposible tomando en cuenta que es mil veces más grande y fuerte que yo.

Maldita sea.

—Sueltala ahora mismo, Alessandro —la amenaza proveniente de aquel hombre frente a nosotros me hizo llorar con fuerza al sentir como mi cuerpo se comenzaba a dejar ir y mi visión se volvía borrosa.

¿Es que acaso iba a morir de esa manera? ¿Tan joven y sin cumplir la mitad de mis sueños y aspiraciones?

Vamos, no estaba feliz con la vida que tenía, pero tampoco esperaba morir en manos de unos matones por no salvarle la vida a su líder.

Para mi sorpresa, sus manos abandonaron mi cuello y vi la luz. Rápidamente me dejé caer en el suelo de la Van y comencé a toser y respirar tan fuerte como mis fuerzas me lo permitieron. Jamás en mi vida había anhelado tanto respirar como en ese momento.

Pose las manos en mi cuello al sentir el ardor en el mismo y solloce en silencio pidiendo misericordia por mi vida y la de mis compañeros. Esos hombres no eran buenos y se estaban encargando de demostrarlo.

—¡Callate la maldita boca si no quieres que te vacíe la funda de la pistola en la boca, carajo! —gritó con fuerza haciéndome cerrar la boca de un golpe y tragarme mis sollozos.

—Quitenle las mordazas y cuerdas a los demás, necesitamos que le den un vistazo a Salvatore mientras llegamos —ordenó con voz dura el hombre que me sacó del hospital y los demás cumplieron sus órdenes al instante.

Salvatore.

Con que así se llamaba aquel misterioso hombre.

Voltee a verlo y aún seguía con los ojos cerrados, su respiración era muy lenta y estaba comenzando a perder color en los labios y rostro.

M****a.

—Está perdiendo demasiada sangre, hay que hacer algo por detener la hemorragia —me atreví a hablar nuevamente a pesar de los nervios y el miedo.

Los trapos en la herida ya no eran suficientes, había que actuar si no queríamos lamentarnos después, especialmente nosotros, quienes teníamos la vida de ese hombre en nuestras manos.

Todas las miradas se posaron en mí y Alessandro, el tipo que me tenía tomada del cuello, asintió al escucharme.

—Tienen permitido hablar entre ustedes única y exclusivamente para debatir entre ustedes lo que harán para operarlo —señaló a Salvatore y luego nos miró nuevamente —. No querrán vivir las consecuencias de un movimiento en falso.

Sus palabras quedaron suspendidas en el aire en cuanto el auto se detuvo por completo y las puertas traseras del mismo se abrieron dejando ver a más hombres vestidos exactamente igual que ellos.

Dios. Son un batallón.

En qué carajos me había metido.

Bendita la suerte mía.

Nos hicieron bajar del auto y entrar rápidamente a una casa que no pude observar tanto como me hubiera gustado, subimos unas escaleras con ellos siguiendonos los pasos y entramos a una habitación que parecía sacada de un hospital.

Era el quirofano perfecto. Absolutamente todas las máquinas e insumos necesarios se encontraban en ese lugar, lo que me hizo entender que ellos estaban acostumbrados a este tipo de situaciones y ya sabían como proceder, pero en este caso, no con el líder.

Nos hicieron cumplir el protocolo de higiene necesario y colocarnos nuestro uniforme quirúrgico. Debati con mis compañeros un poco sobre el procedimiento a realizar, todo ante sus atentas miradas, con las armas apuntando nuestros rostros y Al estar listos, nos llevaron hasta el centro de la habitación donde ya se encontraba en la camilla Salvatore.

Afortunadamente habían traído al personal necesario para realizar la operación, así que rápidamente pusimos manos a la obra y me tocó ser la asistente de Marco, el cirujano con más experiencia de todos nosotros.

Decidimos dejarle la responsabilidad de llevar la b****a por su amplio conocimiento en la rama y años de experiencia.

Aún así, decide darme participación y poner su confianza en mi, así que pongo todos mis conocimientos en práctica y rezo porque todo salga bien.

Las gotas de sudor comienzan a correr por mi frente de manera lenta sin que pueda hacer nada por detenerlas, mi corazón late frenéticamente en mi pecho y mis manos se encuentran sujetando las pinzas que están extrayendo las balas del abdomen abierto de aquel hombre.

Comparto miradas con mis compañeros quienes están igual o más nerviosos que yo, pero aún así, cumpliendo con su trabajo.

Dadas las circunstancias y la presión que están ejerciendo en nosotros los hombres que nos tienen apuntados con sus armas, no me queda más remedio que asegurarme de que la salud del capo no se vea comprometida ni por error.

De ser así, no sólo él moriría.

Moriríamos todos.

Un escalofrío recorre mi cuerpo al ser consciente de mis pensamientos y decido centrarme en lo que estoy haciendo para no cometer un solo error.

Era la única oportunidad que tenía de sacar a ese hombre de aquel quirofano con vida y no podíamos fallar.

Al cabo de unas horas, logramos extraer la balas en su totalidad, mismas que no habían comprometido ningún órgano importante y nos encontrábamos suturando la herida para dar por terminado nuestra pequeña misión. Ya podríamos ir a casa, por fin.

Al terminar, respiramos del alivio al dar por terminada la operación siendo esta todo un éxito y en compañía de aquellos hombres, salimos de la habitación para asearnos y poder ir a descansar según sus palabras.

Antes de eso, habían sacado a Salvatore en la camilla hasta su habitación. Tomarían algunas horas para que pudiera despertar de la anestesia, por lo que debíamos descansar para luego ir a revisar que todo estuviera en orden.

(...)

Le di un pequeño mordisco al pequeño sandwich que nos habían traído a mi y mis compañeros y cerré los ojos por unos momentos tratando de relajarme. Recoste mi cabeza en el espaldar de la cama individual en la que me encontraba sentada y respiré hondo.

Alonso debe estar volviéndose loco al no saber de mí. A esta hora ya debe haberse enterado del secuestro y no me quiero imaginar lo furioso que debe estar.

No se caracteriza por ser un hombre paciente ni dócil, al contrario, se aira con facilidad y parece estar resentido con el mundo, consecuencias que debo pagar yo en cuanto estamos a solas.

El maltrato físico, emocional y verbal se han convertido en mi pan de cada día, algo a lo que no he podido aprender a acostumbrarme a pesar de que es necesario que lo haga. Pasaré el resto de mi vida casada con él y nada ni nadie logrará rescatarme de sus garras.

Miro mi anillo de matrimonio en mi dedo anular izquierdo y no puedo evitar que un nudo se instale en mi garganta al imaginar lo que me espera al ser liberada de este secuestro.

Salgo de mis pensamientos en cuanto la puerta de la habitación se abre de par en par y por la misma aparece Alessandro con su arma en las manos.

—El jefe ha despertado —anuncia y no hace falta que diga más, inmediatamente nos ponemos de pie para salir de la habitación y hacerle su primer chequeo luego de la operación.

Crucé el umbral de la puerta sin imaginar que, a partir de ese momento, mi vida daría un giro drástico.

Continue lendo este livro gratuitamente
Digitalize o código para baixar o App
capítulo anteriorpróximo capítulo
Explore e leia boas novelas gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de boas novelas no aplicativo BueNovela. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no aplicativo
Digitalize o código para ler no App