45. Encrucijada
El tono de su voz me preocupó, era claro que había ocurrido algo, esperaba que no fuera nada grave pero sin duda su presencia no era un buen indicio, —¿Pasa algo amor?, disculpa que he tenido el teléfono apagado todo el día porque estaba haciendo diligencias con Verónica.
—Estoy en Madrid y necesito verte.
—¡Que emoción!, no grito porque Verónica está dormida.
—¿Le ocurre algo?
—Afortunadamente nada malo, pero dime donde estás para ir allí.
—Te envío la ubicación, estoy en la habitación 320, te