105. Por el abuelo
Aquella mañana del Domingo Helena y Aron se escabulleron de sus habitaciones para verse, todos en la casa dormían aun así que debían ser silenciosos, el punto de encuentro era la sala que usaban para esparcimiento, ella llego primero pero no tuvo que esperar mucho para que el llegara a ella, de inmediato se abrazaron y besaron, cada vez se les hacía más difícil disimular y mantenerse separados.
— Te he extrañado tanto mi princesa, sabes soñé contigo, que íbamos de la mano caminando de la mano