Mundo ficciónIniciar sesiónSamantha no creyó lo que había oído. Permaneció inmóvil, tan asustada como un conejo en la carretera, como un cervatillo. Su corazón se había montado en una montaña rusa desde que su jefe regresara y ya no daba más de la angustia.
—Sam —volvió a decir él, rozándole el cuello con la nariz— ¿Por qué estás llorando?
—Me… me cayó jugo de limón en los ojos —dijo ella, dándole rienda suelta a su contenido llanto.
Se cubrió la boca, intent







