—¡NOOOO!— el grito que abandonó su ser hubiese causado escalofríos a cualquier persona. Corrió por sobre los cadáveres, sus pies inundados en la sangre de los caídos— Esto no puede estar pasando— cayó de rodillas junto a ellos.
Nael estaba junto a Vanessa, tomándola de la mano, sus ojos cerrados, su túnica blanca y dorada estaban teñidos de su sangre, con su mano sostenía la de su adorada esposa, como negándose a dejarla ir. Su cuerpo recostado sobre los pedestales que llevaban al trono y sobr