"El amor y el dolor son cartas con la misma fecha de entrega"
Dos meses.
Dos malditos meses ha estado jodiéndome.
¿Es en serio? ¿No tiene nada mejor que hacer?
Estoy cansada. No, harta. Desde que este puberto apareció en mi vida, no he tenido un solo respiro. Es como una sombra pegajosa que se aferra a mí sin importar cuánto intente deshacerme de él.
—Y así fue como le dije a mi abuela que no quería a la chica que me metía hasta por donde no entra la luz —concluye su historia con tono divertido.