En mi vida anterior, al final ya no distinguía si seguía amando a Jorge o si solo era una obsesión.
Tras una pausa, comenté con ironía:
—Jorge, en realidad pedía muy poco, pero ni eso pudiste darme.
—Yo también soy la niña mimada de mis padres. ¿Por qué permitiría que me pisotearas así?
—Así que mejor dejémoslo.
Al terminar de hablar, aparté la mirada y cuando estaba a punto de irme, Jorge, desesperado, me agarró del brazo.
Su alto cuerpo casi tropezó, mientras sus pálidos labios temblaban:
—No