Mariana sonrió y respondió:
—Ya no.
Dos simples palabras que le provocaron una inexplicable angustia.
Había reproducido este fragmento innumerables veces, intentando encontrar algo en los ojos de Mariana.
Sin resultado.
Frustrado, abrió la conversación con Mariana en su teléfono.
Solo para descubrir que sus últimos mensajes se habían detenido cuando él le recordó que debían estar a las nueve en el registro civil para recoger el certificado de divorcio, y ella simplemente respondió "bien".
Despué