—Patricia, puedes retirarte. —le dijo Valeria.
Patricia se sintió muy agradecida:
—¡Gracias, Sra. Herrera!
Al ver que bastaba una palabra de Valeria para liberarse de la obligación de firmar documentos, Carolina se retorció los dedos con nerviosismo.
—Valeria, reservar este lugar debe costar muchísimo, ¿no? —preguntó Carolina.
Valeria esbozó una sonrisa burlona:
—¿Acaso tu marido no puede hacerse cargo de eso?
Había escuchado perfectamente cuando Sebastián declaró que eran esposos.
Cuando se a