Elena quedó atónita. ¡¿Todavía tenía el descaro de seguir así?!
Valeria no agradeció y directamente los echó: —Ya han visto lo que querían, ahora pueden marcharse.
Lo había dejado pasar solo para demostrarle algo: que sin los Jiménez no se iba a hundir, sino que estaría mejor que nunca.
—Venimos de tan lejos y ni siquiera nos invitas a comer —se quejó María, visiblemente molesta—. Sebastián, tienes que ponerle límites, esto es realmente una falta de educación.
—No tengo servicio doméstico, no pu