En la urbanización de villas, Valeria llevaba mucho rato sin poder dormir, apretando en la mano la prueba de embarazo, con el rostro lleno de confusión.
Su menstruación se había retrasado casi una semana.
De repente, vio su llamada entrante y dudó un buen rato antes de contestar.
—¿Hola? —su voz sonó fría.
Del otro lado, reinaba un silencio.
Sebastián habló después de un rato,
—¿Dónde estás?
—¿Sucede algo? —replicó Valeria.
Él insistió.
—¿Dónde estás?
Valeria le dio una dirección.
—Voy para all