Sofía negó con la cabeza:
—Papá, quiero ponerme las inyecciones en casa. Aquí huele horrible.
Sebastián se sintió con el corazón encogido. Tras pensarlo un momento, accedió a llevar a su hija a casa.
Esta vez, su hija estaba herida, y él estaba muy preocupado.
Organizó todo su trabajo con anticipación, delegándolo en su secretaria y en el subdirector.
Aun así, pronto tenía una reunión en Capital.
Antes de ir, debía pasar tiempo con sus hijos.
Al llegar a casa, Sofía se recostó en su habitación,