Y luego llegaba a casa por la noche, con la atención y compañía de sus padres, Valeria se sentía desenvuelta y sin ataduras.
Pero después de casarse con Sebastián, ya no tenía tiempo para tomar té en Capital, probar postres extranjeros ni asistir a subastas de joyas.
Lo que más visitaba eran centros comerciales para madres e hijos, y su móvil solo le mostraba promociones de compras online relacionadas con niños y el hogar.
Casi había olvidado que alguna vez fue una joven mimada, criada como el c