—Es un pequeño regalo para ustedes. Espero que cada día tengan buen ánimo —dijo Valeria, presentando una esmeralda extremadamente valiosa y una caja de vino de calidad.
El Señor Castro respondió:
—No hace falta tanta formalidad, pronto seremos familia. Su madre... está cenando en el comedor. No te preocupes por ella. Ustedes, jóvenes, siéntense a charlar.
—¿Está en el comedor? —preguntó Valeria— Voy a saludarla.
Eduardo inicialmente quiso negarse, pero al ver la mirada de Valeria, no la detuvo.