—Mejor mírese en el espejo.
La mirada de Mónica se desvió hacia el cristal de un auto cercano.
En ese momento, su rostro estaba distorsionado por la ira, sin rastro de su habitual dulzura, como una loca fuera de control.
Un pánico instantáneo la invadió por dentro.
Mónica soltó la solapa de golpe, su actitud completamente quebrantada.
—Sí, soy horrible, ¿contento ahora?
Renato respondió con calma:
—Le dije que se mirara la cara.
Mónica reaccionó, sus ojos enrojeciéndose al instante.
—¿Qué m