Mónica respondió:
—Ningún problema de salud es pequeño. Debe cuidarse para poder ver a sus nietos crecer y disfrutar de ellos. No como mi madre, que se fue con tantos arrepentimientos.
La Señora Castro le dio unas palmaditas en el dorso de la mano.
—Tú también, no te aflijas demasiado.
La muerte de la Señora Flores no la sorprendía.
Los pacientes con cáncer al final se quedaban demacrados, con un aspecto terrible.
Alguien como la Señora Flores, que siempre se cuidó tanto, no podría soportarl