El Señor Flores pareció leer sus pensamientos y estalló:
—¡Fallaste por no tener decencia! ¡Por ser desleal! ¡Por carecer de la virtud más básica y valiosa de una persona! ¡Eduardo estaría ciego para querer a alguien como tú, que no se arrepiente y encima se da aires de superioridad!
Las palabras hicieron que Mónica se quedara paralizada un instante.
Pero luego, de repente, se rió.
—Si soy tan hipócrita y grandilocuente, supongo que lo heredé de ti, ¿no?
Los ojos del Señor Flores se abrieron d