Capítulo 385
El Señor Flores pareció leer sus pensamientos y estalló:

—¡Fallaste por no tener decencia! ¡Por ser desleal! ¡Por carecer de la virtud más básica y valiosa de una persona! ¡Eduardo estaría ciego para querer a alguien como tú, que no se arrepiente y encima se da aires de superioridad!

Las palabras hicieron que Mónica se quedara paralizada un instante.

Pero luego, de repente, se rió.

—Si soy tan hipócrita y grandilocuente, supongo que lo heredé de ti, ¿no?

Los ojos del Señor Flores se abrieron d
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