Capítulo 37
Él se sentía culpable por no haber cuidado bien de su hija: era su error.

—Ya no me duele, papá. —dijo Sofía con voz suave.

Sofía era obediente y sensible. Tiró del brazo de su padre.

—Papá, ya no regañes a mamá. Ella no tiene amigos, solo nos tiene a nosotros.

Sebastián sonrió.

—No se preocupen. Voy a cuidar bien de mamá, voy a quererla de verdad y no voy a dejar que se aleje de ustedes.

En la esquina de la escalera, Carolina sostenía un vaso de leche, dispuesta a llevárselo a los niños.

Al oír
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