Los sirvientes se pusieron manos a la obra de inmediato.
—Está bien —dijo Sebastián de nuevo—. Cambien también el dormitorio a como estaba antes.
Los sirvientes ya ni se preocuparon de atender a los invitados. Raúl los llevó arriba y metieron las pocas pertenencias de Carolina en una bolsa, sin mostrar la menor consideración.
Incluso las sábanas y fundas que ella había cambiado fueron sustituidas otra vez.
Carolina apretaba los labios con fuerza.
Raúl vino con las cosas.
—Señor, ¿dónde las dejam