Carlos no interrumpió a Valeria. Bebía su té, sentado con despreocupación, escuchando con una sonrisa.
Nadie podía menospreciar a su hija de esa manera.
No pedía que todo el mundo apreciara a su hija, pero si nadie le había hecho ningún favor, ¿qué derecho tenían los extraños de juzgarla?
Sin embargo, como cabeza de familia, debía mantener la compostura.
Si hubieran sido los abuelos maternos de Valeria, probablemente habrían explotado.
Pero, justo en ese momento…
—Señor, señora, Lautaro y Jul