Valparaíso, una ciudad pequeña, ciertamente no podía compararse con la capital.
—No necesitan seguir insistiendo, yo mismo me encargaré de estos asuntos.
Sebastián apagó el cigarrillo.
—Ya es tarde, Santiago puede recibir el alta hoy, lo llevaré a casa.
Dicho esto, regresó a la habitación del hospital.
Ricardo suspiró, resignado.
—Carolina es realmente pegajosa, imposible de despegar.
***
En la residencia de los Jiménez.
Después de llevar a Santiago a casa, Sofía no se apartó ni un instante de