Sebastián, apoyándose en su guardaespaldas, intentaba ponerse de pie y caminar. —Recházalos. Es poco probable que regrese a Valparaíso en el futuro, así que no hay necesidad de volver a vernos.
Avanzaba paso a paso, con el rostro y el corazón llenos de la alegría del triunfo y un deseo que no podía contener.
—La agenda anda pesada estos días. Les dejo la carga de Santiago a ustedes dos. Cuando ya se me quite esta agenda, les invito personalmente.
Ricardo hizo un gesto con la mano.
—Entre nosotr