Valeria se dio la vuelta y se marchó.
La nieve caía cada vez más densa.
Lo que contenía ese sobre liviano...
Era la mentira más grande de Carolina.
Sebastián ya lo había recogido.
Carolina se incorporó de un salto, ignorando el dolor punzante en sus rodillas, con el corazón latiéndole a mil por ahora, e intentó arrebatárselo:
—¡Sebastián, déjame verlo primero!
Sebastián esquivó su mano con facilidad y se lo pasó al conductor que estaba a su lado.
En ese momento, no sentía curiosidad por el cont