—¡Después de usted!
Los dos hombres se acercaron lentamente.
Al ver a Carolina de rodillas, el Señor Pérez pareció sorprendido por un instante, luego esbozó una sonrisa.
—¿Señorita Carolina? ¿Qué pasó?
Carolina no se atrevía a levantar la cabeza.
Josefa respondió:
—Está suplicando a la Señorita Herrera que salve a su hijo. Primero la echó, y ahora viene a rogar. Como si todo el mundo tuviera que girar en torno a su familia.
—Ah, ya veo —asintió el Señor Pérez con fingida pena—. Carolina, eres