Capítulo 248
Con tantos hechos claros sobre la mesa, si aún fuera incapaz de reconocer el valor de Valeria, entonces verdaderamente su vida habría sido en vano.

—Sebastián, tú...

Sebastián ni siquiera miró a Carolina. Los sirvientes lo ayudaron a regresar a su habitación.

Cuando el salón quedó vacío, Rosa preguntó en voz baja:

—Señorita, ¿qué hacemos ahora?

Carolina tampoco lo sabía.

Era evidente que Sebastián ya no confiaba en ella.

Pero lo que más le preocupaba no era eso, sino la posibilidad de que Sebas
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