Sebastián se mostró enojado.
—No permito que hagas tonterías.
Carolina frunció el ceño, molesta.
—No entiendo por qué siempre tienen que pelear delante de mis hijos. Los problemas de los adultos no deberían afectar a los niños, ¿se puede?
¿Y a quién le echo la culpa?
Se levantó con un gesto impaciente.
—Niños, vamos, los llevo a jugar.
Lástima que ninguno de los dos le hiciera caso. Los niños seguían sentados en las sillas, sin moverse.
Sofía la miró y dijo con toda naturalidad,
—En realidad, an