—Sí, he oído que no piensa irse otra vez. Quedé con ellas en un sitio, ¿vamos ahora? —propuso Carolina.
—De acuerdo. Tú… —empezó Sebastián, pero el chófer lo interrumpió.
—Señor, el joven y la señorita ya llegaron a la capital —avisó el chófer.
Sebastián pareció recordarlo entonces.
—Entonces mejor lo dejamos para otro día. Mañana los veremos.
Si los niños estaban en la capital, naturalmente debía pasar tiempo con ellos.
Pero Carolina repuso:
—Pero ya quedamos, ¿no es mala educación cancelar?