Le quitó el vaso de cristal a Cristina de las manos colocándola en la mesa más cercana, viendo cómo no le sonreía, pero le retaba con la mirada a cumplir su promesa y a Juan le encantaban los retos.
No necesitó una corta conversación cargada de indirectas o coquetería como siempre que se veían, tenían más que aprendido cómo terminaban cada vez que se veían y el tiempo ya no era algo que quisieran dejar pasar. Se juntó más a ella, quedando sentado al ras de su cuerpo antes de inclinarse y ap