34: Te lo juro.
Kenneth.
Me removí en el sofá, sintiendo unas manos tocar mi pecho.
—Lau, la dejé… No la quiero a ella… —mascullé inconsciente.
Sin embargo, al no escucharla hablar o seguir tocándome, mi corazón se aceleró. Abrí los ojos asustado cuando escuché los gritos en la habitación de Nailen.
La escena era insólita. Aun y maltratada por el ardor de su bronceado, la pelirroja atacaba a Anika con mucha energía, dejándome sorprendido. Ella no era para nada débil cuando era la rabia la que dominaba.
La tomé