83. Tus gemidos, tú respiración...
Ricardo mimaba el cuello y escote de su amante con los labios hasta llegar a su seno derecho y darle cabida en su boca mientras su cadera se movía hacia atrás y nuevamente hacia adelante, poseyéndola, perdiéndose en sus ganas, en busca de ese placer que era incapaz de negarse y sobre todo negarle.
— Eres mi mujer, la única que existió para mí — murmuró cambiando al otro seno y mordisqueando su pezón, tirando levemente de él hasta escucharla gemir.
—Ricardo— Josefina gimió el nombre de su hombre