50. No puedes ser tu.
Josefina no tardó en correr nuevamente a refugiarse en los brazos de su amante, de su señor. Fue estar en sus brazos y sentir que el miedo se iba, que el frío que había empezado a sentir en el mismo instante que esa otra persona la toco se iba desapareciendo, volviendo a sentir ese calor confortable que cubría por completo todo su ser.
Necesitaba besarlo, y eso hizo, alzó su mirada y su rostro, encontrándose con los labios de su señor, bebiendo de ellos.
—No solo estoy bien, estoy enamorada de