20. Yo ya decidí que va a ser mía.
— ¿Tal vez el problema es que no me presenté personalmente? —empezó a hablar Ricardo, mientras paseaba tranquilamente alrededor del hombre atado con un látigo de cuero doblado en la mano derecha — ¿Quizá Julio no supo explicarse cuando le pedí dejar muy claro que yo pagaba por las chicas hasta el día siguiente? Sin duda debió ser eso, un malentendido que usted estuviera a las dos de la madrugada — volvió a caminar por la habitación, deteniendo sus pasos hasta quedar quieto tras Genaro, observan