La mañana había llegado después de una extraña noche, Isabella se sentía muy reconfortada entre los poderosos brazos de Joseph donde se había quedado dormida. Despertando por inercia como cada mañana hacia, recordó los eventos que habían tenido lugar la noche anterior cuando el apuesto y amable señor Harrington se había colado por su ventana.
Incorporándose un poco, se percató de que ambos se habían quedado dormidos sobre el suelo, sus mejillas se encendieron al recordar los besos y las caricia