La madre de Damián vio a unos jóvenes que a su parecer eran sucios y deshubicados, su expresión se volvió solemne y arrogante.
Mientras entraba al café. Manuel suspiró y casi quería olerse a sí mismo para sentirse un poco más seguro, pero se mantuvo erguido y orgulloso al acercarse.
Las mujeres en la mesa al verlo, se quedaron en silencio y miraron a la mujer de mayor rango esperando su reacción. Todas bebieron de su café y sonreían divertidas.
La mujer mayor no tuvo más reacción más que mirar