El Amor Sincero, No Existe.
En su escritorio, se encontraba la fotografía de una hermosa y sonriente mujer.
Él tras ella con sus manos sobre su estomago sonreían felices.
Damián, miró la foto y un dolor indescriptible, casi lo hizo caer a suelo. Pero comenzó a escuchar ruido y rápidamente se sentó en su escritorio.
La mujer mayor entró tranquilamente y se sentó orgullosa y prepotente en el sofa. Miró el porta retrato en en escritorio y sonrió con desprecio.
—Esa mujerzuela ya está muerta, ¿Quieres serle fiel hasta la