Diego se fue a las diez y media.
No con drama ni con el peso de una despedida que necesita ser elaborada. Con la naturalidad de alguien que ha llegado al final de una conversación difícil y que al terminarla entiende que lo correcto es dejar el espacio que esa conversación necesita para asentarse.
La botella a medias sobre la barra.
Las dos copas.
El patio oscuro por la ventana.
Isidora quedó sola en el apartamento.
No fue a la cama. Fue al taller.
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El taller de prototipos a las once de la n