—Un gusto. —Sonríe amable y se sienta—. ¿Comenzamos? —Holly asiente.
Pasado treinta minutos ella sale del lugar y entra al auto, pero su cara está triste.
—Lo siento mucho... —dice y él le soba el hombro tratando de consolarla—. ¡Por haber sido contratada! —Contagió esa repentina alegría al rubio.
—Eres mala. —La mira gracioso.
—Quería hacerte una broma, ¿te la creíste? —admite divertida.
—Claro que sí, casi que me salgo del auto y los mató a todos por no haberte contratado. —Ella ríe y él la