CAPÍTULO: EL VEREDICTO DE LAS SOMBRAS
Después de un reseso de unas horas donde algunos salieron a despejar la mente. Y al volver
la sala estaba repleta. Cada banco, cada rincón, cada aliento contenía la tensión de quienes habían sufrido en silencio y de los que aguardaban justicia con el corazón latiendo en un puño. El aire era denso, cargado de emociones que amenazaban con estallar. Había rostros conocidos, lágrimas contenidas, miradas cruzadas. Y en el centro, como una estatua que comenzaba