PUNTO DE VISTA: FABRICIO CASTIGLIONI
El murmullo en la sala era un enjambre de cuchicheos que picaban los nervios. Fabricio se sentó en la silla reservada para los acusados, sudando bajo la camisa blanca mal planchada que parecía haber sido elegida para inspirar lástima. El nudo de su garganta era tan real como el de la corbata mal anudada que no llevaba puesta. En su lugar, intentaba parecer “normal”, “arrepentido”, “presentable”. Pero no había máscara que ya pudiera sostenerlo.
A su lado, su